JOYERIA ALTERNATIVA

“A nuestro alrededor hay materiales de todo tipo. Aquellos preciosos como la plata y el oro, pero también los que pusieron fin a su propósito y que se convirtieron en algo casi transparente, en chatarra y en objetos sin valor. 

Estos últimos, los miramos y encontramos en ellos las mejores materias primas para nuestro diseño”. Así describe su iniciativa Yoav Kotik, un diseñador israelí que ha adquirido reconocimiento mundial por sus anillos de tapas de Heineken, collares con latas de Coca Cola y los aretes y brazaletes con adornos de Fanta, Pepsi y 7UP.

La conciencia por el medio ambiente ha permeado todas las aristas de la sociedad, incluyendo aquellas que muchos nunca imaginaron: la moda.

Los abrigos de pieles de animales y las joyas ostentosas con diamantes, a veces producto de explotación minera ilegal, han escandalizado al mundo, pero fueron y seguirán siendo una tendencia y para muchos un lujo.

Sin embargo, es indudable que hoy hay personas que buscan la manera de presentar propuestas diferentes, como la iniciativa que se conoce como joyería alternativa, sostenible o reciclable.

La Peruana, Carla Núñez siempre quiso dedicarse al diseño y comenzó con joyería de plata. Sin embargo, sintió que le hacía falta algo original, divertido y que estuviera al alcance de más personas.

“No fue fácil comenzar, y más porque en América Latina, era un concepto que poco se conocía”. recalca.

Ella, no se desprendió totalmente de la plata porque es un mineral característico de Perú y es lo que mantiene sus raíces; pero sí comenzó a fundirla con materiales reciclables como el plástico, tapas de frascos de perfumes , vidrio, textiles y el cuajo de leche, una resina que se produce con el líquido y que adquiere formas diferentes, con texturas llamativas.

De otra parte, en Argentina está Mabel Pena, una diseñadora de joyas que se ha dedicado a elaborar todo tipo de accesorios fusionando metales con materiales reciclables, especialmente con el denominado “oro contemporáneo”: el plástico.

Como ella explica, el oro y el plástico son materiales de muy larga duración, la diferencia está en que uno tiene valor económico y el otro no. “Pero con mi trabajo yo le he puesto el valor que necesita y además he contribuido al medio ambiente sacándolo del circuito de basura y dándole una utilidad”, recalca la experta.
Carla y Mabel concuerdan en considerar que este trabajo no consiste en juntar materiales por juntarlos. “Todos los que hacemos esto nos preocupamos por el diseño y el concepto. Y es de ahí, de donde sale el valor que tienen como objeto”, dice la diseñadora peruana.

Además señalan que esto es un mercado progresivo que se abre espacio en cada vez más lugares del mundo, como lo viene haciendo desde hace un par de años en América Latina. 

Sin embargo, esta no es una industria que vaya a competir ni a remplazar la joyería tradicional. Es respetable que hayan personas que sigan prefiriendo lo que no es reciclable, pero para las diseñadoras las nuevas generaciones tienen más consciencia ambiental y serán los encargados de sostener este tipo de tendencias.

Ello, además, va a llamar la atención de las grandes firmas que con el tiempo se verán atraídas al menos a introducir algo de esto dentro de sus propuestas, dicen. Para Mabel, el futuro es el trabajo con materiales reciclables y no hay vuelta a tras, y para Carla está claro que esto no es una moda pasajera, es una tendencia que vino para quedarse.

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